Amigos y/o amantes
Uno de los errores más frecuentes en la vida es caer en los brazos equivocados. Muchas veces, esos brazos son excesivamente conocidos. ¿Quién no ha confundido amistad con romance? Hablamos de los pros, los contras, y lo divertido de entrar en terrenos pantanosos con los amigos.
Hablo por experiencia adquirida en muchos años de equivocarme con los hombres: la mejor forma de perder un buen amigo es convertirlo en objeto de deseo. Irremediablemente, la amistad sale mal parada. Puede que una noche de larga conversación en el local de siempre termine en intenso besuqueo y cariño y selle para siempre el fin de una amistad que había sobrevivido a todo tipo de escollos y escándalos, pero en cuanto el amor mete la cola, las cosas cambian.
No sé si esos episodios tienen que ver con que uno de los dos siempre tuvo malas intenciones con el otro o se trata de verdad de un descubrimiento de otra faceta del amigo que siempre viste como un asexuado, un incondicional, y quien en determinado momento, con una verdadera epifanía, te das cuenta que tiene sus cosas, su sex appeal, su gracia. Yo opto por pensar que si la amistad se va por el camino más carnal, es que siempre una de las partes miró con ganas al amigo.
Y ahí vienen las complicaciones. Porque no hay nada más incómodo que el día siguiente. Verse la cara o encontrarse en el Messenger y hacerse el cool. Como que aquí no ha pasado nada. Y como todos somos enrollados, en mayor o menor medida, terminamos preguntándonos ¿hacia dónde va esta relación? ¿Es que acaso no le gustó lo que pasó que no me hace ningún comentario? ¿Me habré equivocado? Si se supera ese primer trance incómodo, viene lo peor. Retomar la normalidad. Y si se logra, siempre está la espinita, que se entierra cuando escuchas que ese amigo está interesado en otra, o que sigue su vida sin volver a hablar de esa noche compartida.
Ahora ¿Con quién mataré las horas en el Ciudadano? ¿Con quién compartiré esa pizza de rúcula? , o simplemente una piscola, hasta que el local quede vacío?
Meterse con los amigos es un cacho. Un error. Una equivocación que uno debería omitir de cometer en la vida. El problema está en que por más que le hago el quite, termino cayendo de nuevo. Sin querer, me pasa. Y siempre juro que es la última vez que lo hago, pero igual, al parecer, “Pepito (o Pedrito, o Luchito) paga doble” y me lanzo a lo mismo, con toda la intención de encontrar al amigo perfecto, que sea con ventajas y no tenga las desventajas del rollo posterior.
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